lunes, 20 de abril de 2015

                                                RECOLECCION


El conocimiento preciso de las plantas medicinales es primordial para su recolección. Una
vez lo tengamos, hay que saber cuándo, dónde y de qué manera se recolectan las
hierbas. La experiencia ha demostrado que los mejores resultados de curación se han
conseguido con hierbas recién cogidas, las cuales son imprescindibles para obtener un
éxito en caso de enfermedades graves. Hierbas frescas puede recolectar uno mismo
desde principios de la primavera, a veces ya a finales de febrero, hasta entrado
noviembre. Algunas incluso se pueden encontrar en invierno debajo de la capa de nieve
(p. ej. la Celidonia), con tal de que uno se acuerde del lugar donde crecen.
Para el invierno se prepara una reserva no muy grande de hierbas secas, las cuales se
recolectan en el momento de su mayor contenido en sustancia activa:
Para la F LO R es al principio de la floración.
Para las HOJAS antes y durante la floración.
Las RAI CES se desentierran a principios de la primavera o en otoño. Las F R U TA S se
Resultado de imagen para imagenes de herbolariarecogen en la época de su maduración.
Además téngase en cuenta las siguientes reglas:
¡Sólo se cogen plantas sanas, limpias y sin insectos!
Las hierbas se recolectan los días de sol, sin estar húmedas y cuando el rocío se haya
evaporado. Para la recolección hay que evitar campos y praderas abonados
químicamente, riberas de aguas sucias y contaminadas, terraplenes ferroviarios y la
proximidad de carreteras frecuentadas, autopistas e instalaciones industriales.
¡Cuida bien la naturaleza! ¡ No arranques las plantas con todas las raíces, no hagas
ningún daño! Algunas plantas están bajo protección. Hay muchas otras plantas
medicinales con las mismas sustancias activas que no están protegidas. (p. ej. Oreja de
oso, protegida — Primavera, no protegida). Al cogerlas no hay que aplastar las flores y
hojas ni meterlas en bolsas de plástico, porque entonces las hierbas empiezan a sudar y
más tarde al desecarlas se vuelven negras.

DESECACION
Las hierbas no se lavan para desecarlas. Se cortan a pedacitos y se extienden lo más
posible sobre tela o papel sin estampar y se dejan secar lo más rápidamente posible a la
sombra o en piezas cálidas y aireadas (desvanes). Raíces, cortezas o partes de plantas
muy jugosas requieren con frecuencia una desecación con calor artificial. En estos casos
la temperatura no debe sobrepasar los 35° C. Las raíces (lavadas cuidadosamente), el
Muérdago y el Epilobio se secan mejor si se cortan antes. Las hierbas que se guarden
para el invierno tienen que estar completamente secas. Se conservan perfectamente en

recipientes de cristal o cajas de cartón. ¡No emplee recipientes de plástico o de hojalata!
Es recomendable guardarlas al abrigo de la luz. (Use cristales de color; los verdes son los
mejores).
¡Renueve las provisiones cada año!

Con el tiempo las hierbas pierden sus virtudes curativas. Cada primavera nos da su nueva
riqueza de hierbas.
Modos de preparación
Infusión - Cocimiento: Las hierbas frescas se cortan en pedacitos y se meten en las
cantidades prescritas en un jarro de cristal u otro recipiente que no sea de metal. Se pone
agua a hervir, se retira y se echa sobre las hierbas preparadas. Las hierbas frescas se
dejan poco tiempo en infusión (medio minuto basta). La bebida debe ser de color claro:
amarillo claro o verde claro. Las hierbas secas se dejan un poco más de tiempo en
infusión (de uno a dos minutos). Una tisana preparada de este modo es mucho más
favorable para la salud y el paladar, y además tiene buen aspecto. Las raíces se ponen al
fuego con agua fría según la cantidad prescrita, se le da un hervor y se deja reposar tres
minutos. Se echa en un termo la cantidad diaria establecida y se va bebiendo a sorbos,
según las indicaciones, a lo largo del día. En general se toma una cucharadita bien llena
de hierbas por 1/4de litro de agua (= 1 taza), salvo las indicaciones especiales para ciertas
plantas.
Maceración: Algunas hierbas (p. ej. la Malva, el Muérdago y el Cálamo aromático) no
deben de escaldarse, ya que por el calor perderían sus virtudes curativas. El extracto de
estas hierbas se obtiene en frío. Se deja macerar la cantidad indicada para las diversas
plantas en agua fría, de 8 hasta 12 horas (preferentemente durante la noche), después se
calienta ligeramente (temperatura para beber) y se guarda la cantidad necesaria para un
día en un termo previamente enjuagado con agua caliente. La mezcla de la maceración y
la infusión se considera como la mejor manera de aprovechar las plantas medicinales:
Ponga las hierbas con la mitad del agua indicada durante la noche en remojo, cuele el
líquido al día siguiente por la mañana. Escalde las hierbas que han quedado en el tamiz
con la segunda mitad de la cantidad del agua indicada y cuélela nuevamente. Ahora se
mezclan los dos líquidos, uno obtenido por maceración y el otro por infusión. De esta
manera se extraen de las hierbas los agentes activos que sólo se disuelven o en frío o en
caliente.

                                                         TINTURA (ESENCIA)

Las tinturas son extractos que se obtienen por maceración en alcohol (o un buen
aguardiente) de 30 -40 °. Se llena una botella u otro recipiente por el estilo hasta el
gollete, con las hierbas, sin apretarlas, y se echa encima el aguardiente. Después de
cerrarlo bien se deja durante 15 días o más en un lugar cálido sacudiéndolo de vez en
cuando. Finalmente se cuela el alcohol exprimiendo bien el residuo. Las tinturas se toman
Resultado de imagen para imagenes de herbolariapor vía interna a gotas diluidas en té; en uso externo se emplean en compresas y unturas.

                                                              JUGO
FRESCO

Los jugos de hierbas frescos sirven para uso interno, tomándolos a gotas; para uso
externo se aplican con ayuda de un tapón de algodón a las partes enfermas del cuerpo.
Estos jugos se obtienen mediante una licuadora que tritura y exprime las plantas al mismo
tiempo. Hay que procurar hacer estos jugos cada día con hierbas frescas. En botellas
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pequeñas bien cerradas pueden durar unos meses si se guardan en la nevera.

                              CATAPLASMAS DE PLANTAS FRESCAS

Sobre una tabla de madera o en un mortero se machacan los tallos y las hojas de la
planta hasta que quede todo a modo de una masa. Esta se extiende sobre un trozo de tela
y se aplica a la parte enferma del cuerpo cubriéndolo después todo con un paño y
vendándolo para mantenerlo caliente. Esta cataplasma se puede dejar actuar toda la
noche.

                              CATAPLASMAS DE HIERBAS AL VAPOR

Tomamos una olla con agua hirviendo y colocamos sobre la misma un colador grande,
tamiz o escurridor con las hierbas frescas o desecadas de forma que éstas no toquen el
agua. A continuación se tapa la olla y se mantiene en el fuego para que el vapor
reblandezca las hierbas. Después de un rato se envuelven las hierbas ya blandas y
calientes en una gasa y se aplican a la parte enferma del cuerpo. Se cubre todo con un
paño de lana y se ata con otros paños. Hay que procurar que el enfermo no tenga la
sensación de frío. Muy eficaces son estas cataplasmas hechas con Cola de caballo. Las
cataplasmas al vapor se dejan actuar durante dos horas o toda la noche.

                                    PREPARACION DE POMADAS Y ACEITES

Se trituran cuatro puñados de hierbas. 500 gramos de manteca de cerdo se calientan
Resultado de imagen para imagenes de herbolariacomo para freír carne. En esta grasa caliente se echan las hierbas y se remueve todo
bien. Después de haberlas frito brevemente se remueve todo otra vez, se retira la sartén
del fuego, se tapa y se deja enfriar del todo durante la noche. Al día siguiente se calienta
ligeramente, se cuela a través de un lienzo y se vierte la pomada antes de que se enfríe
en vasijas de cristal o de porcelana.
El aceite se prepara de la siguiente manera: En una botella se meten las flores o hierbas
sin apretar hasta que lleguen al gollete, se llena con aceite de oliva virgen de modo que
éste sobrepase en dos dedos el nivel de las hierbas. La botella debe estar 15 días al sol o
cerca de otra fuente de calor
.
                                               BAÑOS DE HIERBAS

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Baño de cuerpo: Las hierbas indicadas se dejan durante la noche en agua fría a remojo.
Para un baño se necesita un cubo lleno (6-8 litros) de hierbas frescas ó 200 gramos de
hierbas desecadas. Al día siguiente se calienta todo y después de colarlo se añade el
extracto al agua del baño. La duración del baño es de 20 minutos. El corazón tiene que
estar fuera del agua. Después del baño no hay que secarse sino envolverse en una toalla
grande o una bata y sudar en la cama una hora.
Baño de asiento: Para el baño de asiento se toma solamente medio cubo de hierbas
frescas o unos 100 gramos de hierbas desecadas y se procede de la misma manera que
para el baño de cuerpo. El agua del baño debe cubrir los riñones. ¡ Siga las indicaciones
dadas para cada planta !
Tanto el agua del baño de cuerpo como la del de asiento se puede utilizar todavía dos
veces si se vuelve a calentar.

miércoles, 15 de abril de 2015


Bienvenidos: Sana Naturalmente Por Medio de La Naturaleza

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        Salud de la botica del Señor de María Treben

A pesar de los muchos ataques recibidos desde los más diversos lugares contra mi
persona y mis consejos en el folleto »Salud de la botica del Señor«, la gran cantidad de
cartas entusiásticas que me han enviado sanos y enfermos, médicos y versados en
medicina, del país y del extranjero, me han inducido a seguir poniendo al alcance de todos
mis conocimientos y experiencias más recientes acerca de las plantas medicinales en una
nueva edición mejorada y ampliada del mencionado folleto.
En una época, en que gran parte de la humanidad se va apartando considerablemente de
un modo de vida natural y va dejando por una concepción falsa de la vida camino abierto
a enfermedades amenazantes, deberíamos acordarnos de las hierbas medicinales que
Nuestro Señor por su bondad nos está regalando desde tiempos remotos. El Padre
Kneipp dice en sus escritos que »para cada enfermedad ha crecido una hierbecilla.«
Siendo así, cada uno puede favorecer a su salud recolectando a su debido tiempo plantas
y hierbas de la «farmacia de Dios,« bebiendo diariamente o durante un período
determinado infusiones o utilizando los extractos para fricciones y compresas,
cataplasmas de vapor o baños de hierbas. Una vez uno se haya decidido a utilizar las
hierbas medicinales tendría que empezar con las hierbas purificantes de la sangre, como
Ajo de oso, Ortiga, Verónica, Diente de león y Llantén. Estos tratamientos no pueden
perjudicar nunca si se siguen exactamente mis indicaciones. Si no aportan el alivio
esperado, puede ser debido a que existan zonas geopáticas en el entorno del enfermo
(vivienda, puesto de trabajo). En este caso habría que consultar con un zahorí (buscador
de manantiales) para que localizara lugares libres de radiaciones.
En casos serios de malestar, fiebre u otros síntomas de enfermedad manifiestos, es
imprescindible consultar a tiempo al médico para que diagnostique. Igualmente es preciso
dejar controlar por un médico concienzudamente el proceso de desarrollo y de curación de
una enfermedad grave.
El hecho de que la medicina oficial vaya prestando cada vez más atención a la medicina
natural se ha demostrado claramente en el 25 Congreso Internacional de Postgraduados
de la Deutsche BundesÁrztekammer y Osterreichische Árztekammer (Colegios médicos
alemán y austríaco) que tuvo lugar en Badgastein (Salzburg) y en el que participaron 1500
médicos.
El Prof. Dr. Carl Alken (Universidad de Saarland, R.F.A.) justifica ese incremento de,
atención hacia las virtudes curativas de la naturaleza con las siguientes palabras:
«Después de la segunda guerra mundial, los médicos se encontraron prácticamente
incapacitados para combatir por ejemplo la tuberculosis o la parálisis renal. Luego vino el
gran cambio con la introducción de los antibióticos. Los resultados son evidentes, hoy ya
tenemos que luchar contra las consecuencias negativas de la administración excesiva de
los mismos y contra la mala utilización de esa »bendición«. A ello hay que añadir la
avalancha imparable actual de enfermedades por hongos (micosis), que se deben a
trastornos del equilibrio biológico, al exceso de medicamentos o a otras influencias del
medio ambiente.«
Desde hace años voy frecuentando sesiones y congresos, cuyos resultados también se
publican en los periódicos. Muchos médicos conscientes de su responsabilidad previenen
contra el peligro del abuso de medicamentos. Sobre todo no dejan de advertir lo
peligrosos que pueden ser los analgésicos. Gran cantidad de gente los toma sin ningún
control médico, lo que causa a veces lesiones gravísimas de los órganos. Por ejemplo, los
medicamentos para bajar la tensión arterial, tomados durante cierto tiempo, favorecen en
4
las mujeres la formación de cáncer de mama, hecho que han demostrado los resultados
de tres grupos de investigadores experimentando independientemente en Boston, Bristol y
Helsinki. Mi propósito es poner al alcance de la mano de los enfermos el conocimiento de
las propiedades curativas de una serie de plantas importantes y además hablarles de las
experiencias de los últimos dos años y medio, es decir desde la publicación del folleto
»Salud de la botica del Señor«.
Para el ser humano es muy edificante el encontrar una salida a su desesperación y
padecimiento valiéndose de su propio esfuerzo y su propia voluntad, gracias a la ayuda
maravillosa de nuestras hierbas medicinales. El enfermo que se empeñe en reconquistar
su salud asumiendo él mismo esta responsabilidad, ha elevado de tal manera su dignidad
humana, que se encuentra en el camino que le puede sacar de ese callejón sin salida cual
es su enfermedad.
Siempre me preguntan de dónde saco mis conocimientos sobre las plantas medicinales,
pero no puedo dar una contestación precisa. Siendo niña solía pasar las vacaciones de
colegio en casa de la familia de un guarda forestal. Allí aprendí precozmente a conocer y a
apreciar la naturaleza en su conjunto. De niña ya sabía distingiur las plantas y conocía sus
nombres; sin embargo ignoraba su importancia como plantas curativas. Mi madre,
entusiasta de los métodos naturales de Kneipp, procuraba criarnos de una manera
natural, sin influencias químicas.
Siendo jovencita tuve dos experiencias que fueron muy decisivas para mi vida. Una viuda
de unos 40 años, madre de tres hijos, estaba enferma de leucemia y después de una
estancia en el hospital la mandaron a su casa como incurable. Los médicos le
pronosticaron solamente tres días de vida. Su hermana, preocupada por los niños, fue con
la orina de la enferma a consultar con una herbolaria que vivía cerca de Karlsbad. La
mujer dijo asustada: »¡ Tan tarde viene usted con esa agua de muerto!« No obstante, las
hierbas que le dio ayudaron a la enferma. Según un nuevo reconocimiento en el hospital
10 días después, la leucemia había desaparecido por completo.
Un caso parecido se dio al mismo tiempo con una mujer de 38 años, madre de cuatro
hijos. Aquí también se trataba de leucemia y según los médicos no había esperanza. La
mujer pidió igualmente consejos a una herbolaria, la cual le dio unas hierbas. Se
preparaba cada día varios jarros de tisana. Cada vez que pasaba por donde estaban se
bebía un buen trago y pensaba: »Si bien no me ayudan, no me harán ningún daño.« El
resultado del nuevo reconocimiento después de diez días: Totalmente libre de la leucemia.
Estos ejemplos demuestran lo importante que es beber distribuido durante el día grandes
cantidades de tisana cuando se trata de enfermedades que parecen ser incurables. A raíz
de estos hechos me convencí de que las hierbas podían aportar ayuda incluso en casos
de enfermedades malignas.
El día de la Candelaria de 1961 murió mi buena madre. Entonces recibí el empuje para
dedicarme a la ciencia de las plantas medicinales. Iba haciendo nuevas experiencias y
poco a poco me familiaricé del todo con las hierbas de la farmacia del Señor. Era como si
me condujera una fuerza sobrenatural, como si la madre de Dios, amparo de los
enfermos, me enseñara el camino seguro. Por la confianza que le tengo, siempre me ha
ayudado mucho personalmente, en casos de duda, la oración ante una imagen de la
Virgen que tengo en casa.
Así que no sólo quiero llamar la atención sobre las plantas medicinales, sino también
sobre la omnipotencia del Creador, en cuyas manos está nuestra vida, que El guía. En El
buscamos ayuda y consuelo en los casos de graves enfermedades y recogemos
piadosamente las hierbas de Su farmacia. Finalmente quisiera subrayar que he intentado
lo mejor posible incorporar en esta edición refundida todas mis experiencias, para
ofrecerlas a la humanidad con el fin de que tengan provecho.


                                                                                           MARIA TREBEN

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